
Siempre me costó mantener una relación con un ser del sexo opuesto. Y cuando digo siempre, me refiero a los casi 22 años de vida que ya cargo. Repetí historias, miles. Me equivoqué un millar de veces en mi elección. Hasta más de una vez dejé que eligieran por mi. Y la verdad, en ninguna me fue bien. A mis 18, mi madre y varias amigas me decían “vos le tenés terror al compromiso”. Entonces hice terapia. Años y años contando las mismas historias, los mismos errores, llorando las mismas lágrimas, sólo cambiando el nombre del susodicho. Y siempre terminaba de la misma forma: perdíamos interés, aparecía alguien más, desaparecíamos. Pero esta vez me jugué. Dicen que para cambiar las cosas, hay que hacer algo diferente, así que lo hice: cuando desapareció el interés (algo lógico que siempre sucede después de determinado tiempo) y comenzaron a aparecer los “alguien más”, me negué a ellos y seguí eligiendo al desinteresado y “desinteresante”. Había que cambiar, cortar el círculo, así que lo hice. Pero no reparé en un detalle: generalmente, no basta con que sólo uno sea el que cambie. Para él, probablemente, hayan aparecido las “alguien más” luego de que perdió su interés por mi, pero por ser “CABALLERO” no desapareció instantáneamente, no hasta que a mi se me ocurrió un “te extrañaba”. Entonces sí, se repitió la historia de siempre: su necesidad de desaparecer completamente de mi vida. Parece ser que el muchachito me extrañaba “a veces si, a veces no”. Interesante dato, no? Imaginémonos que si solo a veces me extrañaba, de quererme, ni hablar, no? Así que en fin, karma, causa-efecto, nudo gordiano o lo que mierda sea, las historias se repiten, SIEMPRE, sin importar el esfuerzo que pongamos en cambiar, en hacer algo diferente. Y ahora? Ahora sexo, drogas y “rock and roll” baby, para consolar a una penosa alma solitaria, AGAIN.
Salud!
Jime Moro
9noviembre2009